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martes, 11 de septiembre de 2018

Verdes Anos

Antiguamente -especialmente durante la Edad Media- la tortura estaba a la orden del día, llevándose a cabo prácticas completamente inhumanas. 
La “justicia”, por llamarla de alguna manera, se servía de ciertos utensilios y mecanismos de tortura, ya fuera para que los criminales confesasen, o porque habían sido sentenciados a pena de muerte.

Sin embargo, estos instrumentos y técnicas no fueron usados únicamente por los órganos judiciales, sino también por grupos políticos, religiosos o militares.

Uno de ellos fue la Inquisición, término que hace referencia al conjunto de instituciones dedicadas a la supresión de la herejía, muchas veces castigada con pena de muerte. Fue fundada en el año 1184 en la zona de Languedoc -sur de Francia- aunque pronto se extendería por toda Europa y, con ella, todas sus prácticas aberrantes.

El aplastacabezas
Muy usado durante la Edad Media, estaba destinado a destrozar, literalmente la cabeza de la víctima. La barbilla se colocaba en la barra inferior y el casco era empujado hacia abajo por el tornillo. 

De este modo, primero se rompían los alvéolos dentarios, seguido de las mandíbulas y, por último, el cerebro terminaba saliendo por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.

La cuna de Judas
Método de tortura usado en confesiones. Se elevaba al reo sobre una pirámide de madera con punta de acero. La víctima era soltada de golpe sobre la pirámide, provocando graves heridas en la zona genital y anal.

Las uñas de gato
La víctima era colgada desnuda por los brazos y, con un instrumento dotado de garfios afilados, era “rascado”, desgarrándole la piel y arrancándole la carne a tiras. 
A menudo, los garfios penetraban tanto que dejaban el hueso al descubierto. 
El torturado solía morir desangrado, después de haber perdido el conocimiento por el dolor.
El potro

Uno de los instrumentos de tortura más conocidos...
 Tumbaban a la víctima con las extremidades bien atadas. 
Después, se accionaba un mecanismo de cuerdas y rodillos que hacía que el cuerpo se estirase en direcciones opuestas, provocando que los hombros y caderas se desencajasen.


La rueda

Se amarraba al sentenciado a la rueda y los verdugos le asestaban golpes con unos mazos enormes...
rompiéndole las articulaciones y cuidando de no asestarles ningún golpe fatal.
Después eran abandonados vivos sobre la rueda para que los cuervos y otras aves carroñeras terminasen el trabajo.

El destrozador de rodillas
El objetivo de este instrumento era inutilizar las rodillas de la víctima. 
Tenía dos lados llenos de púas, cuya cantidad dependía del tipo de delito cometido. 
Al colocar el artilugio en las rodillas, se giraban los tornillos para la que las púas rompiesen primero la piel, y después los huesos.

El burro español
Se colocaba al reo, desnudo, sobre una cuña de metal muy afilada. 
Sin necesidad de un torturador, la víctima moría desangrada a causa de las heridas provocadas por la cúspide del potro y las pesas que llevaban colgadas de los pies. 
Según la cantidad de peso, se alargaba más o menos la vida del torturado.

El cinturón de San Erasmo
Collar, cinturón o brazalete con pinchos en la parte interior que se le colocaba a la víctima. 
Al estar muy ajustado el collar, cada pequeño movimiento, incluida la respiración, le provocaba heridas que terminaban por infectarse y a gangrenarse. 
En España fue un método de ejecución militar hasta el siglo XVIII.

Toro de Falaris
Se atribuye la quema de seres humanos dentro de la efigie de un toro a Falaris, tirano de Agrakas (la actual Agriento, en Sicilia), que murió en el año 554 a.C.
Se metía al individuo en su interior y después se encendía un fuego bajo la barriga del toro. Los gritos de la víctima salían por la boca del toro y parecía que mugía.

Las tijeras de cocodrilo
Reservado generalmente a todos aquellos que intentaban matar, sin éxito, al rey. Las tijeras tenían dos cuchillas semicilíndricas que cuando se cerraban formaban un tubo largo y estrecho. El interior estaba lleno de púas y dientes afilados. Estas se calentaban al rojo vivo para ponerlas en los genitales.

La doncella de hierro
Este gabinete de hierro fue pensado para encerrar a la víctima dentro de él. 
La puerta se abría y cerraba a voluntad del verdugo. 
Esta estaba plagada de hierros punzantes que herían a la víctima hasta causarle la muerte.

Garrote vil
Se sentaba a la víctima y se le fijaba la cabeza a un poste de madera, del que salía, girando un tornillo, un punzón de hierro que penetraba y rompía las vértebras cervicales de la víctima, empujando todo el cuello hacia adelante, aplastando la tráquea contra el collar fijo. La víctima moría por asfixia o por la lenta destrucción de la médula espinal. Este método fue utilizado hasta principios del siglo XX en Cataluña y en algunos países latinoamericanos.

La cigüeña
Este instrumento de hierro sujetaba al condenado por el cuello, las manos y los tobillos,
 sometiéndolo a una posición incomodísima que le provocaba calambres en los músculos rectales y abdominales; 
y a las pocas horas en todo el cuerpo.

El péndulo
Las muñecas de la víctima eran atadas por detrás de la espalda, se añadía una cuerda a esta ligadura y se izaba al acusado con un peso en las piernas. 

Acto seguido, los húmeros se desarticulaban y, poco a poco, el resto de vértebras y huesos.

La pera
Este instrumento era colocado en la boca, el ano o la vagina de la víctima. 

Después, por medio de un tornillo, el verdugo abría la pera hasta su máxima apertura, ocasionando que la cavidad quedase completamente destrozada. 

La pera oral estaba destinada a los predicadores heréticos, la vaginal a las mujeres que cometían adulterio y la rectal a los homosexuales.


El taburete sumergible
Muy usado en mujeres acusadas de brujería. Se inmovilizaba a la persona en la silla y posteriormente era sumergida en el agua. 

El proceso se repetía varias veces hasta que la víctima muriese ahogada o confesase.



El agua y el lino
Se ataba a la persona con alambre de espino y se le tapaba la boca con trapos para evitar que vomitase. Por medio de unos tubos, se le introducía agua por las fosas nasales hasta el estómago, llenándoselo completamente de agua. El forcejeo causado por el dolor al sentir el estómago a punto de explotar, hacía que el alambre se clavase en muñecas y tobillos.

Aplastapulgares
Se trata de una de las torturas más antiguas y simples, pero terriblemente efectiva. 
Los pulgares de las víctimas se colocaban en el instrumento, con intención de aplastarlos, lenta y progresivamente, por medio de un par de tornillos. 
El dolor podía extenderse durante días, sin provocar la muerte del torturado.


El desgarrador de senos
Las cuatro puntas de hierro desgarraban los senos de las mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio, aborto provocado, entre otros delitos, hasta convertirlos en masas completamente amorfas.


Cabeza de asno o máscara
La Iglesia castigaba las infracciones menores mediante este método. 
Muchas de estas máscaras incorporaban piezas bucales de hierro que mutilaban la lengua con púas afiladas y hojas cortantes. 

Estas víctimas solían ser expuestas en las plazas públicas, donde solían ser maltratadas por la multitud.


La sierra
El reo era puesto en posición invertida, evitando así la muerte por desangramiento y que la víctima no perdiese el conocimiento. 

De hecho, no se perdía hasta que la sierra no llegaba al ombligo o al pecho.
 Esta técnica fue muy usada por la Inquisición, sobre todo, para ajusticiar a los homosexuales. 












Próximamente...

domingo, 1 de julio de 2018

El Hombre Y La Perra (Shibari)


La palabra shibari (縛り) significa literalmente “atadura”, mientras que kinbaku (緊縛) se podría traducir como “atar fuertemente”. En la práctica, ambas palabras se emplean casi indistintamente (con ciertos matices) para referirse al arte japonés de la atadura erótica, a cuya historia, significado y belleza está dedicado este artículo.



Bondage es una práctica erótica basada en la inmovilización del cuerpo de una persona. Las ataduras pueden hacerse en una parte del cuerpo o en su totalidad, utilizando cuerdas, cintas, telas, cadenas, esposas o cualquier otro elemento que pueda servir como inmovilizador. En el marco de las prácticas Bondage, pueden utilizarse mordazas o privadores sensitivos como vendas en los ojos.

El Bondage se considera también una práctica estético-erótica. Normalmente se inscribe en el contexto BDSM como una praxis sexual más o como elemento ritual en ceremonias de elevación espiritual a través de éxtasis sexual producido por la inmovilización o la suspensión.
El componente erótico y excitante del Bondage reside en la liberación mental proveniente de la cesión de la responsabilidad y el ejercicio de la vulnerabilidad. En el juego, la persona inmovilizada confía a otra u otras la capacidad de acción sobre su cuerpo sin más opción que la liberación de la mente y sus preocupaciones. Esta sensación de tranquilidad provocada por la inhibición del control, sumada al deseo provocado por la dominación, permite a la persona inmovilizada dejarse llevar, pudiendo ejercer así el abandono erótico de su cuerpo.


En la excitación intervienen también sensaciones físicas como la presión de la cuerda, el roce con ciertas zonas erógenas o incluso la abrasión producida por la cuerda al desplazarse sobre la piel.

La segregación de hormonas como la adrenalina, generada por la sensación de peligro simbólico, o de la oxitocina, provocan las sensaciones de excitación, tranquilidad y el placer. 


La frustración o la sensación de impotencia en los intentos por liberarse pueden formar parte del juego de sumisión-dominación, en los que la excitación sexual estimula también a la persona activa que mantiene el control de la corporalidad de la persona pasiva.

El Bondage y su carácter sexual no implica necesariamente la intervención de la estimulación genital directa ni del coito. Por ello, desde la sexualidad hegemónica es calificada como una práctica sexual disidente o alternativa.

El atractivo del Bondage para las personas practicantes reside en la confianza y el intercambio 

de responsabilidades sobre el placer del compañero o compañera, junto al placer creativo y estético, que unido a la visión del cuerpo humano encordado como una singular obra de arte erótica constituyen una praxis compleja entre lo ritual y lo sexual.

En la práctica del Bondage pueden intervenir otros complementos 'escénicos', como: máscaras, vendas, mordazas, plugs, slings, etc.

Es importante, que aprendas a realizar tipos de nudos para que tus juegos sean mejores. Dependerá sobre que base o zona los realices. No es lo mismo atar al sofá, que en una silla o en la cama. Estos son algunos de los tipos de nudos que puedes realizar. Te recomendamos algunos:


Nudos Pescador: 

Nudo clásico de toda la vida pero eficaz para el objetivo. Es elegante y quedaras muy bien si sabes hacerlo.
Nudo presilla de alondra

Nudo “a una mano” llamado así por la posición. Muy bueno para sujetar en barras.


Doble nudo japones
Otro de los nudos básicos que no puedes perderte en Bondage. Para manos y tobillos esta genial.




Nudo Lasca

Ideal para azotadores y sencillo de hacer.



Nudos deslizantes
Perfectos para principiantes, por su sencillez. Fáciles de soltar y hacer. Te dejamos un vídeo mas abajo para que practiques ejemplos.



Nudo prusik
Ideal cuando atas en barras o superficies con otros elementos, cabeceros, patas de escritorio, etc..





Nudo de mariposa
Perfecto para algunas superficies y sencillo de realizar en cualquier ocasión.





Nudos gordianos

Requieren mas experiencia, ya que son nudos que no se pueden desatar.




1. Una atadura es un abrazo fuerte
¿Por qué resulta erótico inmovilizar o restringir el movimiento? Para la persona atada, el efecto es en parte físico: la presión de las cuerdas sobre puntos sensibles y zonas erógenas, el roce que puede ser suave o áspero según el tipo de cuerda… En una suspensión entra en juego la ingrávida sensación de volar y perder los referentes; en una atadura sobre tatami o una cama, el sentirse manejada, empujada, acariciada por las cuerdas. Los efectos psicológicos son potentísimos y a veces contradictorios: el chorro de adrenalina al sentirse indefenso y a la merced del atador, frente a la relajación y confianza de saberse en buenas manos y poder librarse de toda responsabilidad y vergüenza.
El establecimiento de una comunicación fluida entre atador y atado convierte una sesión de shibari (sea performance con público, sea juego privado) en un cruce entre baile intenso y pelea de artes marciales… Entra también en juego el aspecto estético: la disposición de las cuerdas realzando y subrayando las formas de la persona atada, la contorsión erótica de los cuerpos, las posturas tanto expuestas como recogidas, tensas o relajadas. La expresión de la cara de la persona atada suele ser clave en las fotografías de shibari: en una cultura como la nipona, famosa por su impenetrabilidad facial, dejar traslucir una emoción profunda crea un instante potente y significativo.

¿Y qué hace el atador cuando tiene a la “víctima” a su merced? ¿La azota? ¿La acaricia? ¿La fotografía? ¿Folla con ella? ¿Deja que vuele? ¿Le venda los ojos para que se aísle del mundo exterior y se cueza en su propia salsa? Pues todo, parte o nada de lo anterior, dependiendo de la relación existente entre ambos (tan ligera como atador/modelo fotográfico o tan profunda como pareja habitual). Cada tipo de interacción tendrá su propia energía artística y vital.

2. La atadura sagrada
No es casual que el arte de la atadura (erótica o no) se haya desarrollado sobre todo en Japón, ya que el uso creativo de cuerdas y envoltorios ha formado parte de su tradición social y cultural ya desde el periodo Jōmon (literalmente “diseño de cuerda”), que va desde el 14.000 hasta el 400 antes de Cristo y recibe su nombre de los hermosos patrones realizados mediante sogas de yute en piezas de alfarería.
Hasta en la religión sintoísta tienen un papel importante las ataduras: las cuerdas llamadas shimenawa marcan los lugares considerados puros o sagrados, como los templos o los árboles donde habitan los espíritus…


3. La atadura como arte marcial

Pero la mayor fuente histórica del shibari se puede rastrear en el hojōjutsu (捕縄術), un arte marcial japonés que enseña a utilizar cuerdas para capturar y atar prisioneros para su arresto, transporte o castigo. Sus orígenes pueden rastrearse hasta el siglo XVI como arma de guerra (era una de las 18 técnicas de lucha en que se instruía a los samurai), y posteriormente como herramienta policial.


La habilidad japonesa para ritualizar y embellecer actividades cotidianas (desde la ceremonia del té hasta la caligrafía o los arreglos florales) entró también en juego con el hojōjutsu: las ataduras del prisionero podían seguir complicados patrones según su clase social, el delito cometido o el castigo que le estaba reservado. Diferentes escuelas enseñaban sus propias técnicas secretas de atadura y empleaban cuerdas de diferente color (dependiendo de la estación del año), grosor o material.

Un punto en común de todas estas técnicas es que no se preocupaban en exceso del bienestar del criminal, presionando con las cuerdas puntos de dolor o dificultando la respiración. De hecho algunas ataduras se utilizaron abundantemente como método de tortura durante el periodo Edo (siglos XVII-XIX). Según documentos de la época, dos de las peores torturas que se podían aplicar legalmente sobre un criminal eran las ataduras llamadas ebizeme (con el criminal contorsionado dolorosamente sobre sí mismo, ver ilustración adjunta) y tsurizeme, consistente en suspender todo el peso del prisionero de sus brazos atados a la espalda. Hay documentados poquísimos casos en que estos métodos de tortura no obtuvieran apresuradas confesiones…

4. De la brutalidad al arte erótico

Es evidente que en esa época tanto el hojōjutsu como la tortura de la cuerda eran actividades brutales, que podían dejar secuelas permanentes en sus víctimas y que no buscaban ningún tipo de connotación sensual. El paso de la brutalidad medieval al refinamiento del arte erótico se dio de forma gradual durante el siglo XIX.


Itoh Seiyu absorbió estas influencias y las combinó con su propia querencia por los juegos eróticos de dominación y sumisión (lo que hoy llamaríamos BDSM), haciendo nacer el arte del shibari. La primera mujer de Seiyu no compartía en absoluto sus preferencias eróticas, y el suyo fue un matrimonio frío. Pero su segunda esposa y modelo, una delicada mujer llamada Kiseko, era sexualmente masoquista y sentía un enorme placer al ser atada (y retratada) por Itoh. Seiyu transformó gradualmente las ataduras del hojōjutsu buscando convertir la brutalidad en placer: las cuerdas que antes presionaban estratégicamente nervios causando un gran dolor pasaron a buscar las zonas erógenas y seguras; empleó nudos y pases de cuerda que no se apretaran con el forcejeo, evitando así el riesgo de cortar la circulación…

Esta preocupación de Itoh por la seguridad de las ataduras será muy importante en escenas fotográficas realmente intensas, como la controvertida imagen de la suspensión cabeza abajo de Kiseko embarazada o una sesión de fotografía en la nieve realizada en pleno febrero…
Inevitablemente Itoh acabó teniendo problemas con la censura y al menos en dos ocasiones pasó por comisaría: la primera vez por publicar “material obsceno” y la segunda por unos dibujos ofensivos hacia el Confucianismo. Sin embargo, más adelante su popularidad como artista le permitió suavizar sus relaciones con las autoridades, hasta el punto de terminar dando clases de hojōjutsu a policías o colaborando en un libro gubernamental sobre la justicia en la época Edo.

5.Historia 
Inventada como una técnica de sutil y muy codificada forma de tortura y apresamiento de prisioneros, que solo podía ser ejecutada y enseñada por un guerrero samurái, el shibari se construía por etapas, con una considerable atención a los tiempos: primero se inmovilizaba el tronco, luego nalgas y vientre y finalmente se inmovilizaba el cuerpo en su conjunto.
Durante los siglo XV y XVII, Japón vive inmerso en una etapa de reinos feudales o daimios y guerras civiles, denominado período Sengoku, que significa literalmente " país en guerra". A partir de 1603 hasta 1867 comienza el período Edo bajo el sogunato de la familia Tokugawa. Ya antes de ese periodo existían diversas formas, fuertemente ritualizadas, para atrapar e inmovilizar por medio de cuerdas a un samurái enemigo en el mismo campo de batalla. Posteriormente, un código punitivo de 1542 regulaba el uso de cuerdas en la tortura y apresamiento de enemigos y criminales. Existían cuatro formas básicas, que incluían la humillación y la incomodidad (hasta la tortura) para los prisioneros. Estas penas desaparecieron con el reino Tokugawa. En el período Edo (1600-1878) se desarrolló un arte marcial, llamado hobaku-jutsu, cuyo objetivo era atrapar y mantener retenidos a enemigos o criminales por medio de cuerdas. Se desarrollaron técnicas muy precisas para lograr este fin (a veces cada comunidad rural y cada familia de samuráis tenía las suyas); de modo que al exponer en la plaza pública al prisionero maniatado o colgado, la gente podía observar: la forma de las ligaduras y el tipo de cuerda, deducir la clase social del reo, el crimen que se le imputaba y a veces, también, su edad y profesión.
Muchos expertos opinan que el Hojōjutsu (捕縄術) un arte marcial que consiste en inmovilizar al oponente atándole, es el auténtico precursor del shibari, y por tanto del bondage. Aunque este último término tiene una índole más occidental y que en ocasiones lleva a confundir y por lo tanto a comparar ambos términos. Durante cientos de años, la policía japonesa que acabarían por ser, más adelante, los samurais sin señor ni katana que durante el período Edo, perdieron todos sus privilegios por orden del sogunato; empleaban estas técnicas secretas (nadie que no fuera de esta posición social podía ver su ejecución) para inmovilizar a los criminales. Debían seguir tres normas inviolables al ejecutar un Hojōjutsu:
- El prisionero no debía sufrir daños permanentes.
- El prisionero no debía poder escapar.
- Nadie que no perteneciese a esta clase social debía presenciar su técnica.
Aún hoy en día, la policía nipona sigue practicando sistemas de lucha como el Taihojutsu (逮捕術), que incorporan antiguas técnicas Hojōjutsu para los atamientos.

Hacia finales del periodo Edo aparece la primera documentación sobre el shibari propiamente dicho, en forma de imágenes donde se muestra el uso de la cuerda con fines eróticos. En el castillo de Matsumoto se pueden encontrar los primeros dibujos señalando el paso del shibari de técnica marcial y de tortura a práctica de refinada sensualidad. La documentación sobre el shibari japonés anterior a ese momento es muy escasa, aunque se menciona en la literatura popular.

6. Introducción a las prácticas
La aceptación del gobierno japonés ante su rendición en la II Guerra Mundial, y con el regreso de las tradiciones históricas niponas en la década de los 60; el shibari vive en Japón un periodo de esplendor y que aún sigue perdurando. Los grandes maestros de las diferentes escuelas, realizan exhibiciones en teatros y salas y gozan de una altísima consideración social con innumerables fans deseando ser su dorei(奴隷) como esclavo o sumiso. Por lo tanto acaba por considerarse un honor ser sometido a un shibari por parte de uno de los maestros del arte.

Pese a hundir sus raíces en técnicas de tortura, el moderno arte de los juegos eróticos con cuerdas no es en absoluto cruel ni violento. Se trata de una práctica totalmente consensuada, con técnicas y límites definidos. Tanto el shibari como el bondage han desarrollado estéticas y técnicas propias. 
En las ataduras japonesas se emplean habitualmente diversas figuras o patrones. Algunas de las más habituales son: Para realizar las ataduras se suelen emplear cuerdas de 7 u 8 metros, aunque algunos emplean también puntualmente cuerdas más cortas o más largas. Generalmente se usan cuerdas de fibras naturales (cáñamo, yute, coco, arroz...). La palabra japonesa asanawa empleada a menudo por atadores japoneses hace referencia a cuerdas de fibra natural, sin hacer distinción entre cáñamo y yute. 
- (Ushiro) Takate Kote o Gote (後ろ高手小手): Patrón frecuente empleado a menudo como base de la atadura. Captura la parte superior del torso inmovilizando los brazos generalmente tras la espalda ("ushiro" significa "detrás") en forma de "U" o "X".
- Kikkou (亀甲): Atadura corporal con formas hexagonales (similares a un caparazón de tortuga) en la parte delantera del torso.
- Hishi: Atadura corporal con formas diamantinas (romboidales). Es una de las formas más populares, muy extendida por ejemplo en el manga. En occidente se ha empleado para alguna de sus variantes el término "karada" (en japonés, "cuerpo").
- Matanawa: Atadura que se centra en la parte genital.
- Ebi (海老): Literalmente atadura de la gamba, similar a una posición sentada de loto con la espalda muy curvada sobre las piernas.
- Tazuki: Arnés corporal cruzado en forma de "X".
- Tsuri (吊り): Cualquier atadura que incluya una suspensión corporal.
- Teppou (鉄砲): Atadura "del rifle", que sitúa los brazos siguiendo una línea diagonal.
- Gote Gasshou (後手合掌): Atadura con las manos en la espalda en posición de plegaria.

7. Precauciones
La realización incorrecta de las ataduras, especialmente si las figuras incluyen suspensión total o parcial, puede provocar lesiones de diversa gravedad en nervios, tejidos o articulaciones.​ Se suelen realizar ciertas recomendaciones de seguridad:
- El roce de la cuerda sobre la piel puede provocar abrasiones si el movimiento es demasiado rápido o brusco.
- Establecer comunicación con la persona atada permite detectar situaciones de peligro: diferentes escuelas favorecen la comunicación verbal o la no verbal.
- Se aconseja comprobar regularmente las extremidades de la persona atada.
- Las formas de prevenir daño en nervios y articulaciones varían entre diferentes escuelas.
- Se deben tomar precauciones especiales con modelos sin experiencia, con presión sanguínea baja, problemas cardio-respiratorios o de circulación

Para realizar el arte del Bondage, es necesario tener presentes algunas reglas básicas. La practica del BDSM, no requiere obligatoria-mente penetración. Es erotismo, ceremonia, preparación, expectativa, excitación, libertad plena y consciente. Pero si hay algo muy importante, que debe ser la primera regla: CONFIANZA. Ademas de eso:

– Ha de ser siempre practicado con consentimiento pleno de las dos partes.
– Debe existir complicidad para realizarse.
– Debes abrir tu mente a lo desconocido si no lo has practicado antes.
– Un espacio para no ser molestados.
– Debes delegar la responsabilidad de lo que ocurra.
– Debes confiar en la otra persona.
– Tener una contraseña, para cuando llegues a tus limites.
– Nunca dejar sola a una persona atada. Por motivos evidentes.
– Tener a mano unas tijeras, por si fuese necesario para cortar las cuerdas.
– No hacer nudos difíciles de desatar. Importante este punto en la zona del cuello. Si la puedes evitar, mejor. No es recomendable. A pesar de que suena muy bien.
– Hacerlo en una zona segura donde el atado o sumiso no pueda caerse o hacerse daño.
– Realizar sesiones de duración limitada. No demasiado largas. Ha de ser excitante, no agobiante.
– Ofrece líquidos de forma regular al sumiso o atado/a.
– Nunca tapar con mordazas todas las zonas de respiración al mismo tiempo . Parece evidente, pero si lo recomendamos, es por algo.
– Comprobar y preguntar siempre por la fuerza de las ataduras. Se trata de ser sensuales, respeta siempre los limites que te indiquen y la fuerza.
– Precaución en las posturas que se realizan. Las fotos o películas, son muy bonitas, pero hay que tener conocimientos sobre el tema para hacerlo así de bien.




PRÓXIMAMENTE...